María Isabel y Pedro

María Isabel y Pedro

Lo que hicieron no fue solo abrir un hostal. Fue reescribir su propia historia.

María Isabel y Pedro

Vuelta al Sur Hostal

Pedro y María Isabel no llegaron a Puelo por casualidad. Llegaron después de observarlo, de recorrerlo en silencio, de imaginar —casi sin decirlo en voz alta— una vida distinta. Una vida que no tuviera relojes apurados ni decisiones urgentes. Una vida que se pareciera más a ellos.

Pedro mira el mundo como fotógrafo incluso cuando no tiene la cámara en las manos. Es meticuloso, paciente, obsesivo con la luz, con los encuadres, con los detalles que otros pasan por alto. En Vuelta al Sur, su mirada está en todas partes: en las texturas de la madera, en la disposición de los espacios, en cada fotografía que cuelga en los muros como una extensión de su memoria. No busca impresionar, busca coherencia. Que todo tenga sentido.

María Isabel, en cambio, viene de un mundo donde las decisiones no admiten dudas. Abogada penal, ex fiscal, acostumbrada a la presión, al juicio, al rigor. Pero bajo esa estructura firme hay una sensibilidad serena, una calidez que no necesita explicarse. Fue ella quien entendió que cambiar de vida no era escapar, sino elegir. Y eligió. Cambió tribunales por huertas, expedientes por recetas, la ciudad por el ritmo paciente de la naturaleza.

Como pareja, funcionan con una sincronía que no se fuerza. Pedro imagina, María Isabel concreta. Pedro observa, ella organiza. Ambos construyen. Vuelta al Sur es, en el fondo, una extensión de esa dinámica: un lugar donde la estética y la hospitalidad conviven sin competir, donde cada decisión —desde los materiales hasta los alimentos— refleja una forma de entender la vida.

Porque lo que hicieron no fue solo abrir un hostal. Fue reescribir su propia historia. Pasaron de comprar en supermercados a cosechar lo que sirven en la mesa, de vivir entre muros a habitar un paisaje. Y ese cambio se cuenta sin necesidad de palabras. Está en el pan recién hecho, en la mermelada, en la conversación sin prisa, en la forma en que reciben a cada huésped como si no fuera un cliente, sino alguien que, por un momento, también decidió dar una vuelta al sur.

… una vida distinta. Una vida que no tuviera relojes apurados ni decisiones urgentes. Una vida que se pareciera más a ellos.

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Te invitamos a ver la historia completa.

Alicia y Alex

Alicia y Alex

Entre Bosque es la expresión de una forma de habitar

Alicia y Alex

Alicia y Alex son una pareja que decidió emprender sin salir de su lugar de origen. En Río Puelo, donde crecieron y aprendieron a convivir con el entorno, levantaron Entre Bosque, una hermosa cabaña que tal como dice su nombre, se rodea de todo lo lindo que hay en este lugar: ríos, cohihues, lagos, arrayanes, volcanes, lluvia y abundante verde.

Desde el inicio, el proyecto estuvo marcado por una decisión. Intervenir lo mínimo posible el terreno. La cabaña se emplazó respetando árboles nativos, integrándose al paisaje en lugar de reemplazarlo. Esa misma lógica se trasladó a la construcción. Optaron por materiales tradicionales y procesos locales, como el uso de tejuelas de madera hechas a mano por el padre de Sebastián, un gesto que no solo aporta identidad estética, sino también continuidad cultural, la misma que los vió crecer.

El proyecto también refleja una manera de entender el trabajo: colaborativa y familiar. La construcción estuvo a cargo de maestros de la zona, y la operación cotidiana mantiene ese mismo espíritu cercano. No hay un estilo de servicio, solo el encanto que tiene ser uno mismo con quienes llegan a quedarse. Alicia y Alex no solo administran la cabaña; orientan, recomiendan y acompañan la experiencia de quienes visitan Puelo.

En paralelo, el desarrollo del proyecto coincidió con uno de los cambios importantes en sus vidas. Mientras la cabaña crecía como todo en el sur, nació su hijo Cristóbal. Desde entonces, ambos procesos —el personal y laboral— han avanzado juntos, reforzando el carácter familiar del emprendimiento.

Más que un negocio, Entre Bosque es la expresión de una forma de habitar: con respeto por el entorno, con arraigo en el territorio y la hospitalidad de una familia.

… lo bonito de emprender en pareja es que siempre fue pensado en un proyecto familiar, nuestro hijo nació cuando empezaba el proyecto y ha sido nuestra motivación para seguir esforzándonos.

Elias Villarroel

Elias Villarroel

Rincón Escondido fue el fruto de su intuición.

Elías Villarroel

Rincón Escondido Río Puelo

E n Río Puelo, donde el tiempo parece moverse a otro ritmo, Elías no se quedó quieto. Es inquieto por naturaleza, de esos que no saben mirar un paisaje sin imaginar qué podría nacer ahí. Aventurero, siempre con una sonrisa lista y una conversación a medio camino, fue construyendo —casi sin darse cuenta— algo más grande que un camping.

Rincón Escondido fue el fruto de su intuición. Hace seis años, cansado del ruido de la ciudad, decidió volver al lugar donde estaban sus raíces. No llegó con certezas, pero sí con algo mucho más importante: las ganas de hacer, de probar, de quedarse. Lo demás se fue acomodando con el tiempo, como suele pasar en el sur.

Hay una herencia invisible que lo acompaña. Su padre, conocido como el Capitán Jara, ha pasado la vida navegando el río y su abuelo, llegó navegando a estas tierras hace más de un siglo, cruzando aguas abiertas cuando todo esto era apenas bosque y promesa.

Elías es de los que están en todo. Recibe, conversa, guía, resuelve. Se mueve entre los visitantes como si los conociera de antes. Hay en él una hospitalidad que no se aprende: se nace con ella. Y probablemente viene de casa. De su madre, de su padre, de esa lógica familiar donde hacer sentir a alguien como en casa es algo natural.

Con el tiempo, lo que empezó como una idea difusa tomó nombre y forma. Rincón Escondido apareció y de alguna forma todo el resto cobró sentido. Un lugar al que no se llega por casualidad. Hay que querer ir y una vez ahí, cuesta irse.

Hoy, Elías mira el proyecto con una mezcla de orgullo y sorpresa. Lo que más le llama la atención no son los elogios, sino el regreso. La gente vuelve. Familias completas. Viajeros que repiten la experiencia como si buscaran algo que no encuentran en otro lado.

Tal vez lo encuentran en Rincón Escondido y su gente.

En la comodidad, en su forma de estar siempre disponible, en su energía inagotable, en esa alegría que no se siente forzada. En su manera de trabajar —porque sí, trabaja mucho— pero sin perder nunca el entusiasmo del primer día.

Porque si algo define a Elías Villarroel no es solo lo que ha construido, sino cómo lo ha hecho: con esfuerzo, con apoyo familiar, con una convicción silenciosa de que este lugar tenía algo especial que merecía ser compartido.

… la gente vuelve. Familias completas. Viajeros que repiten la experiencia como si buscaran algo que no encuentran en otro lado.

Felipe Macias

Felipe Macias

Construyó sus cabañas alrededor de un árbol que decidió no cortar.

Felipe Macías

Cabañas Pájaro Carpintero Puelo

Felipe Macías no llegó a Río Puelo buscando una oportunidad: nació en ella. Joven emprendedor, decidió quedarse donde muchos se van y transformar el terreno que heredó de su madre en algo más que un negocio. Así nació Pájaro Carpintero Puelo, un proyecto que no se impuso al entorno, sino que creció respetándolo, casi como si siempre hubiera estado ahí.

Entre bosques densos y el sonido constante del río, Felipe construyó sus cabañas alrededor de un árbol que decidió no cortar. Ese pequeño gesto terminó marcando todo: cada mañana, un pájaro carpintero visita ese mismo tronco, convirtiéndose en símbolo y ritual de un lugar que se vive más que se explica.

Con paciencia —la misma que exige el sur— fue dando forma a una experiencia íntima y auténtica. Tinajas calientes, hamacas entre árboles, paseos en kayak por el río Puelo y detalles simples que hacen que quienes llegan, se queden con algo más que una foto.

Hoy, junto al apoyo de su familia, Felipe no solo construye cabañas: construye una forma de habitar el sur. Una donde el tiempo baja la velocidad, la naturaleza marca el ritmo y la vida, poco a poco, encuentra su propio equilibrio.

… entre bosques densos y el sonido constante del río, Felipe construyó sus cabañas alrededor de un árbol que decidió no cortar.

Dan Laumer

Dan Laumer

Tienes que quedarte en Puelo y ver el cielo de noche.
Es increíble.

Dan
El mochilero suizo

A primera vista parece tener poco más de veinte: camina ligero, sonríe fácil y mira el paisaje con esa curiosidad intacta de quien todavía se sorprende con lo simple. Y en realidad, Dan tiene 32. Pero para esta historia, la edad es solo un número: mochila al hombro, cámara en mano y tiempo suficiente para detenerse a mirar un pájaro, un río o darle cuerda a esa conversación inesperada con alguien que hace solo unos minutos era desconocido. En sus redes sociales, aparecen bosques del sur de Chile, animales que se cruzan en el camino y rostros de personas que ha ido conociendo en pueblos remotos. Más que un turista, es un habitante del mundo.

Hay algo en su forma de viajar que recuerda a las almas jóvenes, esas que no se limitan a la rutina ni a los itinerarios programados. Dan prefiere los desvíos: ver un glaciar aunque implique caminar horas, almorzar algo rápido al borde de un sendero, mirar las estrellas hasta que el frío lo obligue a volver. No parece tener prisa por llegar a ninguna parte. Tal vez porque su verdadera intención no es llegar, sino seguir avanzando tan lejos como sus piernas y la curiosidad lo permitan.

… tienes que pasar por Puelo. Y quédate un poco más de lo que planeas

Ayelén Villarroel

Ayelén Villarroel

Aquí en Puelo se oxigena el alma en todos los sentidos

Ayelén Villarroel

Patagonia Fit

E l nombre Ayelén — de origen mapuche, significa “alegría”, “felicidad” o “estoy sonriendo”— y más que una coincidencia, en este caso es una fiel descripción.

En Puelo, Ayelén Villarroel ha construido su camino con una mezcla muy balanceada entre carisma y disciplina. Es de esas personas que sonríen mientras organizan, producen y resuelven.

Paramédico de profesión y emprendedora por determinación, ha levantado distintos proyectos a lo largo de los años. El más reconocido hoy es Patagonia Fit: barritas de proteína elaboradas con ingredientes nobles, pensadas en aquellos que valoran la vida sana y la alimentación consciente, nutricionalmente tan balanceadas como su personalidad.

Quienes la conocen, coinciden: trabajadora, perseverante y cercana… y así ha logrado construir puentes con otros emprendimientos de la zona, creando una red sólida y colaborativa en un entorno donde nada se regala y todo se construye.

Su hija Pía, es el combustible que mueve cada una de las ideas. Cada decisión empresarial tiene algo familiar. Ayelén sonríe con frecuencia. Pero lo que la define no es solo el gesto, sino el equilibrio que hay entre su energía, el optimismo y la constancia… al igual que sus barritas: ricas, sanas y nutritivas.

… el autocuidado siempre nos enfoca al movimiento, al comer bien… a calmarnos un ratito

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