Tienes que quedarte en Puelo y ver el cielo de noche.
Es increíble.
A primera vista parece tener poco más de veinte: camina ligero, sonríe fácil y mira el paisaje con esa curiosidad intacta de quien todavía se sorprende con lo simple. Y en realidad, Dan tiene 32. Pero para esta historia, la edad es solo un número: mochila al hombro, cámara en mano y tiempo suficiente para detenerse a mirar un pájaro, un río o darle cuerda a esa conversación inesperada con alguien que hace solo unos minutos era desconocido. En sus redes sociales, aparecen bosques del sur de Chile, animales que se cruzan en el camino y rostros de personas que ha ido conociendo en pueblos remotos. Más que un turista, es un habitante del mundo.
Hay algo en su forma de viajar que recuerda a las almas jóvenes, esas que no se limitan a la rutina ni a los itinerarios programados. Dan prefiere los desvíos: ver un glaciar aunque implique caminar horas, almorzar algo rápido al borde de un sendero, mirar las estrellas hasta que el frío lo obligue a volver. No parece tener prisa por llegar a ninguna parte. Tal vez porque su verdadera intención no es llegar, sino seguir avanzando tan lejos como sus piernas y la curiosidad lo permitan.
… tienes que pasar por Puelo. Y quédate un poco más de lo que planeas
