José Gonzalez

José Gonzalez

Ser independiente, tener el almacén así de esta forma, uno se siente orgulloso.

José Diógenes “Segundo” González Mancilla

El Económico de Puelo

E n Puelo lo llaman Segundo, aunque su nombre completo pesa como la historia. Lleva 29 años aquí, pero comercia desde niño; el negocio no lo aprendió, lo respiró. Parece tímido hasta que uno hace la pregunta correcta… entonces se enciende, sonríe y no hay reloj que lo detenga. Es el precursor de El Económico, la mente que un día lo imaginó y hoy es realidad. Habla de sus inicios con orgullo sereno, sin épica innecesaria. Cuando menciona a Seba, la emoción se ve en sus ojos; no por fragilidad, sino por orgullo. Sueña con nietos detrás del mesón. Más que herencia, quiere continuidad.

Hoy, cuando camina entre los pasillos de su Económico, Segundo González Mancilla observa el negocio con la calma de quien ya hizo el trabajo más difícil: empezar. Las cajas, las góndolas y el movimiento cotidiano del almacén cuentan una historia que comenzó mucho antes de que existiera el letrero en la entrada. Para él, el comercio nunca fue solo vender; fue una forma de vida que ahora ve prolongarse en su hijo y, quizás algún día, en sus nietos. Y mientras el pueblo sigue su ritmo tranquilo alrededor del negocio, Segundo parece tener claro algo sencillo: Los proyectos no terminan cuando se construyen, sino cuando alguien más decide seguirlos.

…y ojalá que venga una nueva generación que pueda continuar con este negocio.

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Te invitamos a ver la historia completa.

Sebastián Gonzalez

Sebastián Gonzalez

Somos parte de la tradición, de la cultura y de la historia de los pueblos y las ciudades

Sebastián Gonzalez

El Económico de Puelo

Tiene 27 años y la cámara le queda cómoda, como si hubiera nacido con ella encendida. Es inquieto, rápido, con una personalidad que no pide permiso. Aprendió el oficio mirando a sus padres, pero con el tiempo lo tradujo a su idioma: Instagram. En @sebadepuelo aparece su alter ego, mitad vendedor, mitad rostro del supermercado más grande del país. Partió como un juego, pero hace tiempo dejó de serlo. No escribe guiones; improvisa como quien conversa en la fila del pan. Sus tatuajes son un mapa o tal vez las pistas de su historia: gustos, creencias, pequeñas declaraciones de identidad. Está orgulloso del negocio, agradecido de su historia.

Hoy Seba no solo atiende el mesón de El Económico: también abre una ventana más allá del pueblo cada vez que enciende la cámara de su teléfono. Entre ofertas y conversaciones de pasillo, ha logrado algo que no estaba en los manuales del comercio tradicional: convertir un almacén de pueblo en una historia que se comparte todos los días. Lo hace con naturalidad, como alguien que simplemente muestra su vida. Y mientras mezcla el oficio heredado de sus padres con el lenguaje instantaneo de las redes, Seba parece entender algo importante: que los negocios también evolucionan, pero las raíces —cuando son firmes— siempre encuentran nuevas formas de crecer.

… es un oficio bastante bonito, sacrificado, pero necesario. Yo creo que sin almaceneros los pueblos no subsistirían.

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Inés Maldonado

Inés Maldonado

El oficio de ser almacenero es primero que nada, una pasión por servir al cliente.

Inés Maldonado

El Económico de Puelo

S e le empalidece el rostro cuando la apuntan con una cámara, pero nunca ha retrocedido ante una decisión difícil. Se emociona sin pedir permiso: la memoria la desarma, la perseverancia la reconstruye. En 1992 cruzó el Atlántico y volvió con algo más que postales; trajo una maleta con aprendizajes y nuevas ideas: Argentina e Italia fueron sus destinos: aprendió que el mundo cabe en una góndola si se elige bien. Fue ella quien abrió espacio a las mermeladas del vecino y a los snacks artesanales cuando poco se hablaba de “emprendimiento local”. Dice que siempre fue algo miedosa. Hoy habla de felicidad con la misma honestidad con la que recuerda la adversidad. Sueña con ver el almacén terminado y sabe que ese día llegará.

Hoy, detrás del mesón del Económico, Inés Maldonado sigue atendiendo con la misma mezcla de convicción y timidez que ha marcado su vida. Afuera el pueblo ha cambiado, han llegado nuevos viajeros, nuevas historias, pero el almacén mantiene algo esencial: la simple idea de que un negocio también puede ser un punto de encuentro. Inés lo sabe mejor que nadie. Porque después de tantos años, de viajes, de dudas y de perseverancia, entiende que su proyecto no se mide solo en estanterías llenas, sino en la comunidad que ayudó a construir. Y mientras imagina el día en que el almacén esté finalmente terminado, sonríe con calma: hay sueños que avanzan lento, pero cuando nacen del trabajo y la memoria, siempre encuentran la forma de quedarse.

… a nosotros nos gusta la atención personalizada.

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