El oficio de ser almacenero es primero que nada, una pasión por servir al cliente.

Inés Maldonado

El Económico de Puelo

S e le empalidece el rostro cuando la apuntan con una cámara, pero nunca ha retrocedido ante una decisión difícil. Se emociona sin pedir permiso: la memoria la desarma, la perseverancia la reconstruye. En 1992 cruzó el Atlántico y volvió con algo más que postales; trajo una maleta con aprendizajes y nuevas ideas: Argentina e Italia fueron sus destinos: aprendió que el mundo cabe en una góndola si se elige bien. Fue ella quien abrió espacio a las mermeladas del vecino y a los snacks artesanales cuando poco se hablaba de “emprendimiento local”. Dice que siempre fue algo miedosa. Hoy habla de felicidad con la misma honestidad con la que recuerda la adversidad. Sueña con ver el almacén terminado y sabe que ese día llegará.

Hoy, detrás del mesón del Económico, Inés Maldonado sigue atendiendo con la misma mezcla de convicción y timidez que ha marcado su vida. Afuera el pueblo ha cambiado, han llegado nuevos viajeros, nuevas historias, pero el almacén mantiene algo esencial: la simple idea de que un negocio también puede ser un punto de encuentro. Inés lo sabe mejor que nadie. Porque después de tantos años, de viajes, de dudas y de perseverancia, entiende que su proyecto no se mide solo en estanterías llenas, sino en la comunidad que ayudó a construir. Y mientras imagina el día en que el almacén esté finalmente terminado, sonríe con calma: hay sueños que avanzan lento, pero cuando nacen del trabajo y la memoria, siempre encuentran la forma de quedarse.

… a nosotros nos gusta la atención personalizada.

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