Hace tiempo decidió que los sueños se construyen despierto.

Marcos Pérez

Ingeniero Eléctrico

 

Hay personas que parecen haber llegado a un acuerdo con el tiempo. Mientras el resto necesitan más horas en el día, hay quienes parecieran tener más de 24 a disposición. Marcos es una de esas personas.

Si alguien quisiera seguirle el ritmo tendría que levantarse antes del amanecer. A las cinco de la mañana, cuando gran parte de Puelo todavía duerme y las montañas apenas comienzan a distinguirse entre la neblina, Marcos ya está en movimiento. Podría quedarse un rato más en la cama, pero hace tiempo decidió que los sueños se construyen despierto.

La primera parada del día no tiene relación con cables ni herramientas ni su profesión. Tiene que ver con otra de sus pasiones: el deporte. Con ropa cómoda y energía renovada, dirige clases de preparación física para quienes comparten su gusto por el movimiento. Es una escena curiosa: mientras algunos recién intentan despertar, Marcos ya está ayudando a otros a comenzar bien la jornada.

Después viene el segundo acto.

En el centro de Puelo lo espera el emprendimiento que construyó junto a su pareja. Un foodtruck levantado prácticamente con sus propias manos, pensado para recibir a las personas con la misma comodidad que tendría una visita en casa. Allí venden productos saludables, preparados con dedicación y cariño. Las protagonistas del menú son unas barritas de proteína que han ido conquistando a vecinos y visitantes por igual.

11:30 aproximadamente y esto recién está comenzando.

A mediodía aparece la persona que mueve cada una de sus decisiones: Pía, su hija de 16 años. Debido a su condición de paraplejia, requiere atención constante, apoyo y cuidados permanentes. Marcos habla de ella como quien habla de un propósito.

La lleva al colegio, la acompaña, se preocupa de cada detalle. Luego almuerza algo rápido y vuelve a ponerse en marcha.

Entonces aparece el ingeniero eléctrico.

Instalaciones, mantenciones, tableros, sistemas eléctricos. Da igual cuál sea el desafío. Marcos toma sus herramientas y sigue adelante. Va de un trabajo a otro con la naturalidad de quien aprendió a convivir con jornadas que para cualquier otra persona serían agotadoras.

Pero el día todavía no termina.

Más tarde vuelve a buscar a Pía. Comparte tiempo con ella, organiza lo pendiente y, cuando muchos ya estarían pensando en descansar, regresa una vez más al foodtruck para cubrir las últimas horas de atención.

El sol comienza a esconderse detrás de las montañas de Puelo. Los clientes regresan a sus casas. El pueblo baja la velocidad. Marcos no.

Cuando finalmente vuelve a casa, su pareja sigue trabajando en las barritas del día siguiente, revisando cuentas y regaloneando a Pía. Él aprovecha esas horas para preparar presupuestos, coordinar trabajos futuros, comprar insumos y dejar todo listo para la jornada que vendrá.

Al observarlos desde afuera, cuesta entender cómo lo hacen.

Parecen una especie de equipo imposible. Dos personas capaces de sostener una familia, un emprendimiento, una profesión y una vida entera sin dejar de sonreír. Como si siempre encontraran una mano más cuando parecía que ya no quedaban manos disponibles.

Quizás la explicación sea más simple de lo que parece.

Marcos suele decir que su energía tiene nombre. Que su motor son ellas dos.

Y cuando uno escucha su historia, entiende que no se trata de resistencia física ni de una capacidad sobrenatural para trabajar más que el resto. Se trata de amor. De propósito. De levantarse cada mañana sabiendo exactamente por quién vale la pena hacerlo.

En Puelo encontraron un refugio. Un lugar donde la naturaleza recuerda todos los días que las cosas importantes crecen lento. Donde las oportunidades no abundan, pero existen para quienes están dispuestos a salir a buscarlas.

Por eso la historia de Marcos no habla solamente de esfuerzo. Habla de actitud. De esa decisión silenciosa de seguir avanzando incluso cuando sería más fácil detenerse.

Porque mientras algunas personas esperan que las cosas sucedan, otras se levantan a las cinco de la mañana y las hacen suceder ellas mismas. Y Marcos Pérez pertenece, sin ninguna duda, a ese segundo grupo.

… en Puelo encontraron un refugio. Un lugar donde la naturaleza recuerda todos los días que las cosas importantes crecen lento.

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Te invitamos a ver la historia completa.