Un alcalde

entre vecinos

Francisco Donoso Oyarzún

Alcalde de Cochamó

 

En Puelo, las noticias vuelan rápido. A veces, basta una visita al supermercado para enterarse de que alguien por fin se mejoró de un resfrío, que el hijo de una vecina se sacó una excelente nota en el colegio o que otra familia lleva días esperando una solución para algún problema. Todo ocurre en la misma conversación, entre un saludo, una pregunta y el comentario de alguien que se suma al encuentro.

Dicen que pueblo chico, infierno grande. Pero en Puelo, esa cercanía también tiene su lado amable: las personas se conocen, se encuentran y comparten los pequeños acontecimientos de sus vidas. Para Francisco Donoso, alcalde de la comuna y vecino del mismo lugar, esa realidad forma parte de su día a día.

Su jornada no transcurre únicamente entre reuniones y asuntos municipales. También está en la calle, conversando con la gente, escuchando inquietudes y recogiendo ideas. Francisco es de trato amable, tranquilo y buen humor. No parece tener apuro por terminar una conversación cuando alguien se acerca a hablarle. Sabe que detrás de cada saludo puede haber una preocupación, una propuesta o, simplemente, ganas de conversar.

Estudió Trabajo Social y, cuando conoció Puelo, sus paisajes lo cautivaron. Encontró aquí un lugar donde su vocación podía tomar forma, cerca de las personas y de las necesidades concretas de una comunidad. Hoy, como alcalde, entiende que su trabajo consiste en escuchar, pero también en ordenar las prioridades, tomar decisiones y buscar soluciones. No siempre se puede resolver todo al mismo tiempo, y sabe que cada vecino tiene sus propias razones para considerar urgente aquello que le preocupa.

Por eso, caminar por Puelo también es una forma de conocer la comuna. Las conversaciones se cruzan, las opiniones se encuentran y las buenas noticias circulan junto a los problemas que todavía esperan respuesta. Francisco escucha unas y otras, consciente de que gobernar significa considerar las distintas voces, incluso cuando no todas apuntan en la misma dirección.

Además, su vínculo con Puelo no termina al cerrar la oficina. Aquí está su familia, su vida cotidiana y buena parte de lo que imagina para el futuro. Los caminos que necesitan mejoras, las oportunidades que pueden abrirse y las cosas bonitas que vale la pena cuidar forman parte del mismo lugar que él eligió para vivir.

Al final, quizás esa sea una de las particularidades de ser alcalde de un pueblo pequeño: nunca se deja de ser vecino. Uno puede salir a comprar algunas cosas y volver con una noticia, una preocupación nueva y la alegría de saber que a alguien le fue bien.

Francisco parece entenderlo con naturalidad. Avanza sin demasiadas ceremonias, conversa, escucha y sigue trabajando. Porque en Puelo, entre los asuntos importantes y las pequeñas noticias de cada día, la vida de la comuna se va construyendo así: de persona en persona, conversación tras conversación, como una tarde tranquila que poco a poco se acomoda mientras se esconde el sol.

Encontró aquí un lugar donde su vocación podía tomar forma, cerca de las personas y de las necesidades concretas de una comunidad…

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